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jueves, 16 de marzo de 2017

Prohibido Olvidar

Cuando sucedió la tragedia de Once todos pensamos que podríamos haber estado allí.

No importa si hacinados en el primer vagón para llegar primeros, como sentenció algún funcionario enrgúmeno en una declaración que recorrería todo el país.  

No importa si distraídos mirando un celular o leyendo un libro.

No importa si con la cabeza colgando de cansancio o escuchando música.

No importan los detalles de los que iban presos allí dentro, eran personas y como tales eran variadas, tenían sueños.

Hoy, en este viaje, me queda como espacio cómodo para ir leyendo justamente ese rincón inutilizado que tienen muchos trenes. Una especie de cabinita a la que se accede sin necesidad de abrir una puerta ni de forzar nada. Me paro acá y sonrío como si hubiese hallado agua en el desierto. De alguna forma, encontrar espacio en un transporte público te da casi la misma felicidad que ganarte un viaje al caribe. Conservo mi sonrisa y miro alrededor, nadie parece haber tenido en cuenta este recinto que parece olvidado hasta por los propios dueños de la formación.  Es un espacio de 1 x 2. Estoy cómoda.  De repente una angustia espantosa me cruza la garganta mientras viaja a mi retina, la imagen nítida y sonriente, de Lucas Menghini Rey aquel día en el que todos estábamos preguntándonos dónde estaría él. Mientras se nos anudaba el cuello viendo las caras de todas las víctimas fatales y las que no.

Yo estoy en un espacio que quizás Lucas miró con la inocencia y felicidad con la que yo celebré la posibilidad de viajar mejor. Estoy casi segura de que así fue.

No pude evitar pensar en que, así como la vida nos regala cosas mágicas que ni creemos merecer, otras veces nos somete a los dolores más inexplicables e impensados.  No es que quiera echarle la culpa a la vida de esto que ya tiene responsables con nombre y apellido. Simplemente me permití hacer ese recorrido imaginario con esas personas que tuvieron que ser "el precio" de algunos empresarios y funcionarios para hacer lo que debieron hacer mucho antes. La sentencia se repite, necesitamos mártires para actuar.

Mi abrazo a todas las familias que hoy extrañan a alguien que perdieron en esa tragedia y a los sobrevivientes que tienen que batallar contra el miedo cada vez que buscan su lugar en esta sociedad mezquina y ciega de tanta realidad.

Nunca sabemos lo que nos espera. Es una pena que la corrupción nos arrebate esa sonrisa pícara mientras nos obligan a perder... justamente  cuando creíamos que era posible ganar.

miércoles, 15 de marzo de 2017

A marzo

Se va apagando el verano y confieso que mi sentimentalismo barato me juega malas pasadas.  Cuando yo era chica, marzo era el mes en el que queríamos empezar las clases para encontrarnos con amigos, ver qué maestra nos tocaba (siempre cruzando los dedos para que no fuera aquella de mala fama a la que todos temían), probarse el delantal o uniforme, comprobar que la felicidad nuestra cuando nos quedaba corto no era coincidente con la angustia de nuestros viejos que tenían que soltar ruedos o salir corriendo a comprar otro.

El aula decorada para nosotros, nuestros nombres en la pared, el olor clásico de esos pisos que eran cuidados con kerosene y aserrín, mochilas en las que estaban los útiles del año anterior mezclados con alguna nueva pieza que nos desesperaba poder usar cuanto antes.  Anotar todo lo que nos pedían, salir ese primer día con ganas de volver a entrar, planeando encuentros y meriendas con los compañeros con los que nos llevábamos mejor.

Nuestros padres nos enviaban al colegio porque allí íbamos a aprender algo un poco más ordenado que lo que podíamos aprender en casa con las historias y técnicas de mamá, papá, los abuelos o algún tío o tía.  El colegio era ir a ordenar eventos históricos, era aprender un poco más sobre nuestro país, sobre la geografía casera que ya conocíamos, era complicarla un poco con los números, era adaptarse a hablar en turnos -porque ahí ninguno era más importante que el otro-.  La seño era una mujer que parecía saber nuestros nombres desde antes.  Todos entendíamos que ahí mandaba ella y había que esperar al recreo para dejar que la euforia nos tatuara para siempre alguna rodilla, para gritar, jugar o simplemente observar a los demás.

En el colegio se aprendía muy bien lo que era la jungla.  En el aula mandaban los leones, sus gritos ordenaban todo, nadie quería estar en la lista de los "terribles".  En los recreos veías a los más grandes alardeando sus libertades y a los idiotas de siempre abusando de los más chiquitos en la fila del kiosco, no faltaba el grupo de pseudo lindos y lindas mofándose de los menos agraciados, esos que se cruzarían unos cuantos años después en un boliche para decir "mirá cómo creció" con un dejo de baba colgando de la boca.

A veces me pregunto si todo es distinto o si yo cambié mi forma de ver las cosas.  Tengo la leve sensación de que llevar a los chicos al colegio es conseguir 4 horas (como mínimo) de libertad, que los padres empeñan la vida para comprar la mochila, las zapatillas, los útiles más caros (quizás soy mal pensada) para que sus hijos sean la continuación de su estúpida necesidad de medirse una y otra vez con los otros.  En definitiva parece que los seres humanos vivimos así, intentando ganar.  Quizás por eso a muchos padres no les importa el cómo pero sí quieren buenos resultados, que el pibe termine, que no repita y listo... a esperar marzo otra vez.

Cuando escribía algunos días atrás sobre el conflicto docente pensaba en esto.  Mis recuerdos no tienen nada que ver con el presente.  Eran otros tiempos pero algunas cosas no han cambiado tanto.

Qué se puede esperar en un país que desde la década del 80 a hoy no pudo enaltecer el valor de lo elemental?  Quiero decir, quizás muchos maestros trabajarían igual desde el primer día y a pesar de no cobrar un salario digno si no vieran que los directivos, inspectores y cualquier puntero político está forrado en billetes.  No se si el problema reside en la politización de la educación o en la falta de educación de la clase política.   Me inclino más por lo segundo.  Pero definitivamente la idea de que Argentina es un país en el que la guita se reparte para todos lados es un arma de doble filo, pareciera que todos esperamos que nos llegue el turno, porque tarde o temprano nos debería llegar.  Si somos el granero del mundo, es impensado que no haya para todos.

De alguna forma este es el pensamiento general.  Y no soy nadie para juzgarlo, de hecho, con 33 años me llama la atención ver esto como si estuviera ante un fenómeno donde los protagonistas son gusanos parasitarios alrededor de un muerto esperando la porción salvadora.  Esa idea se fue metiendo en todos lados.  Por eso nada se hace sin esperar una dádiva de algún costadito, por eso los medios no dan dos pasos sin congraciarse con algún sector político, por eso ya no quedan funcionarios que puedan jactarse de limpios porque si les investigamos el arbolito genealógico les aparecen centenares de familiares tarasconeando un pedacito del muerto.  Pasado, presente, futuro.

Desde este lado emocional de la historia recuerdo mis marzos como momentos de mucha ilusión, hoy es todo muy distinto y mientras esbozo en voz alta este pensamiento creo que me convence más la idea de que no soy yo la que ve las cosas tan distintas.  Han cambiado.

Con el respeto que me merecen las elecciones personales ajenas, es tal el desastre que vivimos (desastre humano) que hay que rastrillar una ciudad para encontrar gente que fue a un recital, hay que poner vehículos para que algunos vuelvan a sus casas.  Es una locura.  De todas formas, no encontraron a los Pomar rastrillando, no se si pueden encontrar a un par de zombies pasados de alcohol (mínimo).  Es tal el desastre que los congresistas, que en raras oportunidades apoyan las nalgas en el Honorable Congreso de la Nación, se aumentan la dieta.  Sí, para ellos sí queda torta!  Será cuestión de que todos intentemos ser congresistas.  Ya sabemos, con algunos ejemplos, que cualquiera puede.

¿Cuándo vamos a entender que en el Congreso tenemos lo que somos? Así como al Indio Solari no le importa su público, a estos no le importa el pueblo ni trabajan para nosotros... pero sí, todos viven de nosotros.

Servicios de mala calidad.
Rutas en malas condiciones.
Desidia en los asilos de ancianos.
Horror en los hospitales públicos.
Abandono en las escuelas públicas (principalmente en las del interior, esas que parecen no importar).
Trabajadores viajando 3 horas como mínimo cada día para ir desde el conurbano al centro.
Todos pagando impuesto a las ganancias!
Gobiernos con labios de izquierda y lencería oligarca.
Autopistas con precios siderales para ir a sortear cascotazos de los mismos chorros de siempre.

Hubo un momento en el que, convenientemente, se comenzó a instalar la idea de que hay que endiosar aquella imagen que antes daba pena.  Ser pobre nunca fue un crimen pero tampoco ha sido un orgullo.  Por qué?  porque ser pobre era sinónimo de necesidad de lo elemental, ser pobre era ser como son los perdidos de nuestro país, esos que voy a repetir una y otra vez cuando escribo de la realidad tal y como la veo y la conozco.  El ser humano siempre busca pertenecer, todos.  Por eso tenemos amigos, por eso nos genera agrado compartir con quienes tienen nuestros mismos gustos, por eso elegimos una profesión, por eso vivimos en tal o cual lado.  El asunto es que de un tiempo a esta parte venimos aplaudiendo "la pobreza" mientras tenemos los ojitos puestos muy arriba, entonces nos convertimos en cómplices de la miseria humana que en teoría despreciamos.

Tenemos sindicalistas ricos! Sindicalistas que no saben armar una oración, que los mandan a todos con la remerita a tocar el bombo a cualquier lado, que agarran mucha plata y que negocian con la voluntad ajena.  Somos ciegos que no quieren ver y contra esa enfermedad no hay mejor cura que la realidad.

Políticos sonrientes en las fotos, caras tristes en los trenes.
Audios con diálogos que parecen extraídos de "El padrino".
Gente indignada en las redes sociales.
Familias destruidas por diferencias políticas y también culturales.
Comedores sociales triplicándose por todos lados.
Gente que trabajó toda su vida sin nada.
Pibes de 18 años en autos que jamás pudieron comprar habiendo trabajado un año.
Discursos políticamente correctos, pensamientos y actos incorrectos.

Algunos nenitos le vieron la cara a sus compañeros y a su seño una sola vez pero tranquilos, el fútbol ya puso la pelota a correr.



lunes, 13 de marzo de 2017

Te vas a quedar Solari

Cayendo del mapa está Argentina, el país que siempre espera la tragedia para analizar cómo debieron hacerse las cosas.

No tenía nada que decir sobre lo sucedido en Olavarría porque no había visto nada aún pero unas cuantas horas después van apareciendo los que no daban señales de vida, los fallecidos son identificados y los vecinos de Olavarría (de los cuales muchos hicieron el negocio del chori y otros que padecieron a los visitantes ricoteros y que los insultaban en croata antes y durante el show) terminan siendo los que los asisten todavía para dejar tranquilas a las familias desesperadas que perdieron contacto con sus seres queridos.

Ahora bien,  la misa hace rato que termina con alguna nota turbia al final pero parece que nada resulta trágico cuando algún bípedo muere en nombre del rock.  Una persona que no es fanática de nada (como yo) se preguntará cómo tipos y mujeres de mi edad son capaces de ir a semejante rejunte de gente con sus hijos -por ejemplo-, o cómo se van al medio de la nada sin asegurarse su propio bienestar o simplemente cómo van haciendo dedo y dejan a la suerte la vuelta. Por supuesto que no todos son así, pero 18 horas después del desastre había decenas de personas desaparecidas, familias enloquecidas y gente compartiendo fotos compulsivamente en las redes sociales, había vecinos asistiendo a la gente como si hubiesen sido víctimas de un alud o un atentado, vecinos que se ofrecían para ir a los hospitales a preguntar si allí estaban las personas desaparecidas,  vecinos donando comida, agua y ropa para personas adultas que fueron de viaje a ver a un artista.  

¿Estamos todos locos?  Fueron a un recital!  Perdón pero me parece el colmo de la estupidez. Una cosa es ayudar a alguien que vivió una tragedia natural y perdió todo pero estos cabeza de termo fueron a ver al rock star y son -en parte- responsables de que la "Misa Ricotera" sea lo que es y de que siempre haya algún sacrificado en el ritual.  

Hace rato que el público de algunos artistas va a los espectáculos a querer alzarse con los laureles de sus talentos o sueños adolescentes incumplidos o truncados y le arruinan la fiesta a los que siguen al Indio desde que era imposible imaginarlo fuera de los redondos.

"La música no mata" escriben por ahí mientras te muestran gente en la terminal de Olavarría con unas caras que te llevan a preguntarte si ellos mismos sabrán cómo se llaman.  El asunto es que cada uno hace de su trasero un florero, pero a esta altura y viendo que el promedio lógico colectivo pasa por buscar siempre la culpa en el otro, deberíamos guardar algunos diarios para no olvidar que acá es así y por lo visto no va a cambiar.  

Cuando haya tragedias, vamos a hablar todos y vamos a ver las desesperadas reacciones de los políticos y funcionarios de turno buscando que lo sucedido no los salpique, vamos a ver a los otros argentinos ayudando y vamos a ver a los artistas con la soga al cuello vomitando números mientras intentan limpiar sus nombres llamándose artistas aunque muy poco sepan de arte y de sensibilidad.

Cuando Callejeros tocaba aquella noche de 2004 hubo irregularidades que eran parte del folclore argentino, personas que iban con sus hijos a ver a su banda favorita y los sometían a esos pobres niños a tragar humo, a estar aturdidos y encerrados en un baño que oficiaba de guardería cuidados por una persona que ni conocían. Las salidas de emergencia estaban clausuradas,  el lugar no debía estar habilitado pero lo estaba.  Las bengalas eran la nota de color pero como lo que siempre falta es la lógica, ahí teníamos a dos o tres idiotas enajenados usando pirotecnia en un lugar cerrado y lleno de material inflamable.  Todos se lavaban las manos, los fans decían con sus caritas de amor "el Pato frenó el show para pedir..."  Ahhhh sí, un tierno el Pato. 

Era decepcionante ver a funcionarios, al gran empresario y a los músicos disparando culpas para afuera. 
Eran vidas. 
Ellos parecían ignorarlo.

La música no mata, es cierto. Lo que mata es la materia gris inexistente de algunos que van a huevear porque les gusta el descontrol y habría que ver si al menos llegan a saber 10 temas enteros de Los Redondos.  No es una cuestión de examen para aprobar fanáticos o no, pero esa es una arista de esta pirámide en la que los de abajo se comportan como esclavos, se someten con gusto a un destrato asqueroso.

$800 por ir a ver al rockero en un descampado y en esas condiciones es una locura y cualquier ser pensante debió suponer que no era seguro estar ahí si veían que la organización era inexistente como ya lo fue antes. 

Pensar que nos reíamos cuando veíamos a Paolo en un programa de televisión haciendo el papel del hippie quemado que se reía de todo y ahora hay un gran porcentaje de gente que actúa así, por inercia.  Uhhh locoooo, qué buena onda esto!  Pero fijate si hay puertas de emergencia pedazo de ridículo! Vas con tu hijo, con sobrinos, con tu vieja a quien le duele la cadera!  

Por ahí veía la publicación del Maestro Santiago Chotsourian haciendo referencia al concierto a cielo abierto de Amadeus hace algunos años atrás. 
Casi la misma cantidad de gente. 
Un final absolutamente distinto.

Esto de que de urticaria la palabra "organización" me causa curiosidad pero más me asombra que algunos muertos importen tan poco.  Si los hubiese matado un policía sería noticia y tema de análisis sociológico.  Murió en un recital y bueno... es que había mucha gente.  ¿De verdad?  Es así de simple, parece.

Me arriesgo a decir que la educación tocó fondo.
Cuando apenas superaba los diez años le pedí a mi papá que me llevara a ver a Phil Collins o a Soda y me dijo "no porque si te pasa algo me tengo que matar, va mucha gente y me da miedo". Los espectáculos eran en un estadio. En aquel entonces me pareció exagerado pero hoy que ya pisé estadios entiendo a qué se refería.  Llevar niños a la Misa del Pastor Solari me parece una tentativa de homicidio.


Y acá viene la parte sin filtro. El Indio Solari tiene unas frases hermosas y la que me copa más es la siguiente:  "Tu negocio es muy difícil de explicar y fácil de enseñar." 

Que me perdonen los fans pero basta con ver las declaraciones del diosito pagano para entender que él los ve como seres bastante inferiores y así los trata. Algunos dicen que es mejor que no haya cortado el show y eso esconde una gran certeza, se sabía todo. Un artista imprudente que conoce más Nueva York que Buenos Aires aunque sea tan popu y del pueblo ya no asombra apuntando con sus cañones  al periodismo que se vuelve salvador o dictador de acuerdo a las conveniencias de turno.

Quería el pogo más grande del mundo y su fin justificó los medios.

El artista le tiene miedo a su público porque los ve como un conglomerado de mersas y se los fuma solo porque se lleva mucha guita cada vez que los amontona para que su ego quede bien alto.  La junta en pala, la carga en el avioncito privado y "bon voyage".

Nos quejamos de que viajamos como ganado pero a la Misa vamos a ensardinarnos con alegría, haciendo dedo y exigiendo que nos pongan micros para volver.  ¿Quién sos?  
Ya sabemos todos que el "lujo le parecía vulgaridad" pero la vida lo puso frente a un público indomable muchas veces antes de ésta y aún así siguió buscando el pogo más grande del mundo.  Por qué?  Porque no le importa nada el público.  Es la Gran Bestia Pop.

Un artista se supone sensible.  Me cuesta verle esa cara a él.

Ojalá esta vez todos paguen para que nadie más haga negocio sacrificando otras vidas.  
Hay gente idiota en todos lados. No en vano el fútbol es lo que es. 
Son solo muestras de que los argentinos somos cada vez más "giles".


viernes, 10 de marzo de 2017

Bendita voz

Cada vez que me siento frente a esta máquina, la casualidad me pone frente a una carpeta llena de cosas mezcladas porque carezco de la disciplina que te sobró siempre a vos.  En muchos momentos podría renegar del simple hecho de saber que mis 10 minutos se transforman en dos horas en el afán de que el desastre no aumente.  La culpa me obliga a ordenar un poquito por miedo a perder -entre tantas alternativas tecnológicas- la posibilidad de volver eternos los momentos que me robaron alguna sonrisa.

La música termina siendo un "amor sagrado" y este rígido se volvió un templo desde que no estás.  Acá, cada vez que me pierdo te encuentro y dudo que sea una simple casualidad que tu bendita voz aparezca en cada video o en cada audio para devolverme a esos lugares en los que mi voz se atrevía a mis desafíos y a lo que ustedes me proponían.  Fui feliz muchas veces y otras no tanto, pero de un tiempo a esta parte sólo recuerdo nítidamente los capítulos en los que nos reíamos de nosotros y soñábamos grande.

Una de las últimas canciones que hicimos decía "un retrato viejo que no tiene ni un recuerdo está vacío esperando por lo que vendrá".  Ustedes hacían lo que sabían y yo me limitaba a ponerle palabras a muchas de las canciones, no siempre querían decir algo específico y esa canción no tenía mucho sentido para mi.  Hoy que me encontré con un video en el que se te ve feliz haciendo lo que tanto te gustaba, presté atención a la letra y creo que es una verdadera bendición que los lugares que pisaste tengan tu huella indeleble, tengan una foto de tu sonrisa en cada retrato, en cada rincón.

Con vos no hubo que esperar "lo que vendrá" porque honraste el presente al punto de quedarte para siempre en todos los lugares que fueron tuyos.

Bendita tu voz cada vez que, en estos archivos sin nombre, aparece para inspirarme una carcajada, para regalarme la nitidez perfecta de un recuerdo o para arrancarme una lágrima de este corazón que te extraña tanto.

Me estarías diciendo "Lu, no seas pavota, no llores" pero sabés que soy sensible y para mi los amigos son lo más maravilloso que nos regala la vida, porque son los hermanos que se eligen.  Gracias por la casualidad de nuestros caminos cruzándose tantas veces para encontrarnos en salas lujosas, de poca monta o en nuestras casas para curar todo con la música.  Gracias a la vida por tu amistad, por tu tiempo de calidad, por haberte convertido en un ser valioso en mis momentos más tristes.

Cada vez que suene un platillo sentiré tu abrazo cerca mío.


https://youtu.be/KAOL9oT3DIU

miércoles, 8 de marzo de 2017

La soberana

Apenas comienza la mañana y las redes sociales empiezan a vislumbrar lo que será otro de esos días que los sociólogos y los psicólogos deben amar.

Algunos ya están posteando frases tales como "puta pero no tuya", "no tengo amo", "las mujeres somos el poder",  otros arremeten con "muchos idiotas dicen feliz día y no saben que no hay nada que festejar", otros piden "igualdad" y están los que sostienen "no arruinen este día con sus hormonas".

Hay para todos los gustos.

De un tiempo a esta parte todo termina siendo una gran mezcla. Por un lado es cierto que casi nadie sabe el origen de este día, ni el marco. Lo que hoy conocemos como "día de la mujer" fue un cúmulo de sucesos en los que hasta había una guerra de por medio, se pedía paz, se pedía comida, se pedía el voto femenino.
Paz, comida (para toda la población) y la posibilidad de votar.

En el marco de esa naciente conciencia colectiva, un cuantioso número de mujeres murió en New York por las pésimas condiciones de trabajo que padecían.  Este evento fue quizás el elemento desencadenante de algo que se gestaba desde un reclamo que va mucho más allá de los usos políticos que se le intente dar a este día, lo que se pedía era ni más ni menos que respeto.

Esa es la palabra que nadie escribe y que casi nadie practica.

De a poco vamos acostumbrándonos a la idea de que la igualdad es posible y eso es una falacia espantosa. Nos alborotamos y salimos constantemente a intentar reivindicar estas fechas con comportamientos muy distantes a aquello que originó que existiera -por ejemplo- un 8 de marzo.

Las mujeres y los hombres jamás seremos iguales.  Eliminar el género nos nos va a hacer iguales. En la naturaleza, los animales machos y las hembras no son iguales. Quizás los días como estos serían mucho mejores si volviéramos a hablar de "respeto humano" que es lo que faltó aquel día en New York, o cada vez que una mujer no pudo votar, o lo que falta cada vez que alguien muere de hambre.

Yo soy mujer y no me interesa convertirme en Rambo, no quiero atravesar a los hombres con mis balas. No quiero la pena de los hombres que dicen "la mujer es frágil y delicada" porque no todas las mujeres se sienten así.  No quiero ver a los hombres maltratando a sus parejas en la calle ni ver a las chicas abofeteando a sus novios en la calle porque NO somos iguales.

Estos días dejan en el aire una sensación de empoderamiento que es muy peligrosa porque no hemos podido defender nuestras ideas sin violencia, sin descalificar y sin agredir a otros. Cuando los que hacen de esto una movida política gestan la idea se olvidan que mientras están todas reunidas no pasa nada pero cuando andamos solas, la cosa es muy distinta porque lo que nos gobierna es la violencia colectiva.

Quizás es hora de asumir que todo sigue siendo una cuestión de respeto humano, porque con su sola existencia estaríamos mucho mejor.

Conozco tipos que dan asco, abusivos, groseros,  que hablan estupideces sobre las mujeres porque para ellos somos trofeos. Hay tipos que han abandonado a sus hijos, que han golpeado a sus parejas, que han golpeado a sus hermanos y hasta sus padres. Para ellos vale cualquier calificativo. 

Los días como hoy también pienso que esto de sentir que ser mujer debe ser visto como un orgullo me recuerda más a los sometimientos religiosos que a un fin altruista, después de todo Tejerina mató a su beba y es una mujer que mató a otra que ni pudo defenderse.

Yo no celebro este día porque no. Pero si me regalan una flor no voy a decir "no necesito tus flores porque no soy tu sometida".

Brindo (aunque sea temprano) por una humanidad que aprenda de los eventos históricos y que avance. No todos somos iguales ni lo seremos. 

Hombres los hay brutos, sucios, violentos, amables,  egocéntricos,  estafadores,  justos.

Si hoy podes enseñarle a una niña a respetar y a exigir que la respeten, si le enseñas a un niño lo mismo, no será necesario que haya tantas fechas notables que recordar mañana.

Mujeres las hay brutas, inteligentes, dependientes, indomables, inquietas, sumisas, agresivas, alegres, soñadoras, serias... las hubo criminales y las hubo libres de todo prejuicio.

Por eso, tal como aquel "pequeña feminista ilustrada": "nadie te pide que te vistas de rosa", las peores cadenas que podemos tener son las de nuestra mente, por eso hoy - 8 de marzo -  me quedo deseando respeto humano y principalmente que dejemos de necesitar la opinión y aprobación ajena para ser lo que deseamos.
En el mundo hay reglas. En mi casa, en mi cuerpo y en mi alma la soberana soy yo. Te deseo soberanía personal, eso es algo que vamos a tener que defender de nuestra propia miseria hasta el último día.

jueves, 2 de marzo de 2017

Armas blancas


Si sos abogado, sos un garca.

Si sos contador, sos un estafador.

Si sos milico, sos un asesino.

Si sos policía, sos un transa.

Si sos comunicador, sos un mercenario.

Si sos un maestro, sos una pobre oveja maltratada por el sistema.

¿Cuál es la diferencia? se supone que algunas profesiones tienen una base muy arraigada a la palabra vocación (tal es el caso de la docencia). Por eso, no darle un aumento a un docente es un evento no menor que autoriza expresiones legítimas en defensa de los valores que los protagonistas abrazan de distintas maneras, por ejemplo, haciendo un paro.

Trato de analizar esto objetivamente pero la mañanita salvaje me permite estar esta vez en mi casa y prender el maldito aparato bobo para escuchar a Norberto Siciliani diciendo que "eso de que los chicos pierden días de clase y con ello el futuro" es una frase que se armó e instaló pero que en realidad no es tal cosa dado que el futuro se pierde cuando vas a sacar un turno al médico y te lo dan para dentro de tres meses, o cuando no tenés casa propia o cuando trabajás y no te alcanza. Me quedo esperando los puntos suspensivos que me regalen su opinión sobre los días de clase que no van a ser días de clase. Nunca llega. Habla de su nuevo libro y acto seguido me regala la reflexión más decadente de la historia: "los chicos aprenden, además, de estas circunstancias de conflicto. Ahora no es que si estudiás vas a ser alguien en la vida, eso era lo que nos enseñaban antes" (o algo así, las pocas neuronas que tengo se chocaban entre sí tratando de asimilar lo que escuchaba).

Juro que por un momento entendí todo. Se me vinieron a la mente tantas personas o situaciones... todos estuvimos adelante de alguien y pensamos "cómo carajo puede estar esta persona en este lugar" o "no puedo creer que éste haya sido el espermatozoide más veloz". Hoy lo volví a pensar mientras Norberto insistía en mencionar cada dos segundos que está presentando su nuevo libro (del que no voy a googlear ni el nombre porque no me interesa).

No se si por tres días menos de clases alguien tiene o pierde su futuro, es algo muy personal. Creo que son cuestiones humanas las que hacen que ante las mismas posibilidades algunos salgan airosos y otros no. Existen quienes lo tuvieron todo de arriba y se ahogan en un charco ante la primera adversidad y están los que están remando casi desde que nacieron y aunque se les quemen los brazos, algún día van a disfrutar al menos de sus musculitos.

Lo que sí creo es que si vas al delta y ves a los maestros balseros cruzar para dar clases durante una semana en cabañas destruidas, si vas a Piedra Negra o Molulo (allá donde es más fácil ver cóndores que sindicalistas -o sueldos dignos-) entendés que hubo un momento en el que un tal tipo al que muchos conocemos como "Almafuerte" hizo lo impensado, se enfrentó a todo, desafió a cada una de las personas que le pusieron adelante sin importarle la edad que tuvieran, porque tenía vocación.

Con esto no pretendo decir que deberían trabajar gratis, nadie debería hacerlo. Pero los representantes que tienen los maestros hablan de salario digno y casualmente los que reclaman no son los que cobran salarios indignos y cuando lo digno llega, no les llega a los de sueldos indignos... entonces?

Mucho reclamo y muy poca autocrítica. Los docentes universitarios cobran monedas en la mayoría de los casos. Yo me recibí en el ISER y a mis docentes les pagaban mal, con atraso; y recuerdo que habiendo blanqueado el tema previamente nos invitaban a unirnos al reclamo siendo nosotros todos adultos. Por supuesto que lo entendimos y sabíamos que eso podía modificar nuestros cronogramas pero era un riesgo que asumimos con un compromiso adulto para apoyar a quienes nos estaban enseñando.

Las redes sociales dan cuenta de la cantidad de docentes que escriben con brutadas ortográficas. No todos tienen noción de que ejercer la docencia es obrar con responsabilidad y coherencia entre lo que uno exige y lo que uno da.

Que me perdone Siciliani y la intelectualoide Vargués pero son el fiel ejemplo de la gente que tiene que tomar algún brebaje para agarrar coraje y hacer algo en la vida, de otra forma no se entiende que en el medio de temas serios se rían y quieran hacer creer que un pibe de 10 años va a aprender algo de un conflicto que se repite cada marzo desde hace años. ¿Qué sentido tiene?

Si seguimos así, un día van a parar los bomberos justo cuando haya un incendio y ahí sí vamos a terminar todos quemados pero de verdad.

Por ahí es hora de que ser docente requiera muchas más exigencias que las actuales. Por mi parte confieso que se me suicidan las corneas cada vez que leo faltas de ortografía de un docente en las redes sociales y me repito en voz baja "pensar que si tuviera un hijo, podría ser alumno de este/a".

Sabrán disculpar o no mi opinión que no es más que la opinión de alguien que se pregunta si no sería justo que los docentes recibieran una educación de suma exigencia para que evalúen dos veces si quieren o no ser docentes.

Doy fe de que en este país hay baños sin agua en las escuelas primarias, secundarias y de formación docente. Que se pelean por las tizas. Que los fondos que llegan a las escuelas no se materializan en la mayoría de los casos y por eso las escuelas son más parecidas a un tren fantasma que a un lugar que motive. El día que haya un paro por las condiciones de las escuelas, voy a creer un poco más en esa beta humana que le falta a cada descargo anual. Y no digo que no sea pertinente un ajuste salarial, pero al final termina siendo el único tema importante y siempre se acuerdan de hablarlo el 28 de febrero.

Yo no se si, como dijo Siciliani y como tradujo Vargués "los chicos están felices porque les encanta que no haya clases, además aprenden más de los conflictos sociales de la clase media trabajadora", de hecho no se si alguno de los dos esté en condiciones intelectuales de asegurar una generalidad semejante, pero me arriesgo a decir que en un país como este (en el que la clase media trabajadora ya tiene bastante con su día a día y con las cuentas que no cierran y con los barrios que son intransitables después de las 9 de la noche) esos chicos ya tienen bastante realidad social. Si a partir de ahora las escuelas ya no son un lugar al que uno vaya a aprender a pensar y aprehender conocimientos, deberían informarlo definitivamente para que cada uno haga lo que se le cante la regalada gana con sus pibes.

Es fácil ser una persona adulta como son ellos y hablar de las expresiones sociales como elementos educadores de masas cuando se vive de arengar al resto o de vender tu imagen. Les falta una rica vueltita por los lugares de los que hablan sin saber. Ahí los docentes hacen paro cuando los aprietan. Ahí los docentes van y ponen corazón, no porque les gusta ser sometidos sino porque entienden que en la docencia existe una beta altruista que no entiende de políticas.

Hay dos caras de la docencia, muestran la foto de una para reclamar y enriquecer a la otra.

Si les tomaran un examen anual con los contenidos que imparten, la mayoría se sacaría calificaciones bochornosas. Que siga el tango, otro año más. Ojalá esos pibes puedan decir el día de mañana algo más que "clase trabajadora" y "sistema opresor" porque después de todo, la vida es una ruleta en la que nos toca algo y será asunto nuestro cómo sobrevivir o superar eso.

PD: Yo fui el espermatozoide más veloz y vos que estás leyendo esto, también.










miércoles, 22 de febrero de 2017

Querido Mario Benedetti

"No llorarse las mentiras sino cantarse las verdades" dijo alguna vez el mismo que supo dictar con inteligencia un sin fin de miserias personales que no fueron más que el dolor hecho verbo. 

Yo me declaro poeta porque así vivo. Pero no soy poeta como esos a los que admiro, aunque muchas veces mirando sus fotos pude encontrar en sus ojos la misma tristeza que se dibuja tantas veces en los míos; soy poeta para vivir pero no de profesión. ¿Por qué?  Porque ellos le escriben al amor que se vuelve virtud en el barro de sus defectos, porque lo celebran como si lamer las heridas fuera más placentero que el mismísimo amor. Entonces,  cuando la herida duele, entiendo que yo no voy a ser jamás como ellos, que se sientan en un sillón a observar con orgullo la huella indeleble de lo que los simples mortales vamos a insistir en llamar fracaso.

"Una confesión: la soledad ha dejado de herirme" dijo un día Benedetti y cuando lo leí sentí ganas de abrazarlo. Juro que cerré los ojos y lo sentí. Lo sentí enjuto, con los brazos bajos -quizás porque los que saben abrazar el dolor, suelen desconocer cómo se abrazan las personas-, lo sentí latir como aceptándome parte de su especie, una degeneración quizás de su bohemio andar.  Lo imaginé atravesado por mi sonrisa que a esta altura es inevitable sea cual sea mi estado de ánimo.  Lo imaginé escupiendo versos en una hoja, volviendo a sentir las caricias que supieron tocar su alma, lo imaginé percibiendo su propia sangre corriendo por sus venas, sonriendo recuerdos, llorando desilusiones, insultando sus propios errores, aplaudiendo haberlo intentado.

Los poetas son a la literatura lo que el payaso al circo, riegan con palabras los papeles que aparecen en la vida. Un poeta se levanta por la noche porque le arde una idea, la frase que no dijo, el final perfecto, el adjetivo que va a ponerle nombre a un beso, el punto final de un verso. Los poetas decoran el guión, lamen la pluma y han visto muchas veces la tinta corrida cuando al momento de poner FIN, los sorprende una emoción.

sábado, 18 de febrero de 2017

Para vos

Te escribo a vos que te vas recreando dentro mío como una autómata resistente. Te escribo a vos que me acompañas desde hace tanto tiempo que no recuerdo bien cuándo fue el bendito o maldito día en el que nos dimos la bienvenida. Te escribo para que sepas formalmente lo que ya sabés bien... y es que te estoy descubriendo tan cerca de mi corazón que empiezo a temer que algún día pongas en mi territorio tu bandera.

Tus seductoras luces tenues me mantienen tantas veces a salvo; juego con tu sombra y cabalgo las melodías que me hacen creerte hermana inseparable de la libertad.

Yo creo que te quiero aunque no me hagas bien, como quien toma de lo que le hace mal hasta olvidar que es malo. Te abrazo y  te vuelvo mi escudo, mi almohada y muchas veces mi santuario.

Han sido tantos los años que por momentos siento que acaricias mi pelo mientras me voy quedando dormida, soñando con que el tiempo no te deje tatuada en mi vida como una decisión con gusto a herida.

Me pregunto cuántos serán los que te besen la boca antes de que termine el día esperando que llegue el momento en el que sea posible despedirte para siempre y con una sonrisa. Cuántos habrán padecido tu hostil presencia que no es más que un boceto de la más cruel ausencia. Cuántos habrán regalado sus lágrimas en honor a tu indisimulable existencia que late fuerte porque -aunque invisible- sos gigante. Cuántos se abrazarán a errores por el simple hecho de tenerte miedo, cuantos decidirán arrebatadamente sus futuros para huir de vos... Cuántos,  como yo, te verán repleta de virtudes que difícilmente puedan existir.


Que me dures lo que debas, que me huyas si te atrapo y que me desilusiones cada tanto para que seas una cabaña de vacaciones a la que volver cada vez que no tenga a dónde ir. 

lunes, 13 de febrero de 2017

Soundtrack

Decía una canción "si te hubiese dicho las palabras correctas en el momento indicado, serías mía".
Cuando escucho críticas sobre artistas, canciones o discos siempre pienso lo mismo: no le llegó.  Y es que eso no se fabrica, me arriesgaría a decir que ni siquiera el más estudioso y conocedor en la materia puede escapar a la magia que reside en esa combinación perfecta entre melodía y música cuando son capaces de decir justo eso que jamás supimos poner en palabras.

Nuestra vida es una película en proceso y ahí vamos llenando el ambiente de perfumes, colores, sonido y música.  Cada momento tiene una melodía indeleble como el paso de las estrellas en la luna.  Cada canción esconde rostros y situaciones que quizás nunca más podamos repetir, momentos que van a nadar en el fango de nuestra miseria tratando de salir a la superficie para que la memoria no los reemplace.

Elegimos la música para un momento y lo volvemos eterno en algo mucho más intangible que la mente.  Pasará el tiempo y quizás olvidemos rostros, perfumes, promesas incumplidas, compromisos rotos pero cuando suene una melodía que tenga que ver con nuestra historia vamos a sentir que no existe tiempo ni espacio para una sensación.

Years gone by and still words don`t come easily like "I love u"  algo así como:  Los años pasan y las palabras aún no vienen fácilmente, como "te amo".

¿Será acaso la vida una eterna quimera?
Pareciera que las grandes canciones, las grandes películas, las grandes obras siempre se trataron de amores desbaratados. Amores que murieron de miedo, amores desaprovechados, amores que fueron vencidos por tradiciones, amores sellados con billetes, amores que latían con una fragancia barata aunque estuvieran casados con perfumes caros.  Es que el amor parece terminar siempre en el mismo lugar, en esos rincones en los que dos pueden ser dos para siempre aunque caminen separados.

Alguna vez un señor me dijo:  "no puedo arriesgar todo lo que tengo" y mi mente hacía mil preguntas aunque no pudiera expresarlo.  Yo sigo sin saber qué perdía él pero entendí que los que más pierden son los solitarios.  Cuando nos dejamos agarrar las manos después de tanto tiempo, estamos apostando algo que pocos conocen: la libertad de no tener motivos para decepcionarnos.  Esa sí que es una apuesta arriesgada.

Sólo será cuestión de dejarse abrazar y esperar.  Después de todo, mientras muchas cosas se derrumban alrededor, la música irá tejiendo la banda sonora perfecta una y otra vez para que la película sea siempre un poco mejor, para que cuando tengamos que recordar sea ameno ver las fotografías que decidimos guardar, para que cuando quememos el álbum nos quede algo en un lugar al que nadie jamás podrá viajar más que nosotros mismos.

"Decir las palabras correctas en el momento justo" como dice la canción que amo de Tracy Chapman nos hubiese robado la posibilidad de que la banda sonora de mi vida tuviera esa canción.

Definitivamente, todo existe y sucede por un motivo.  Valdrá la pena que en este camino no seamos lo suficientemente torpes como para perdernos la oportunidad de cerrar la historia con un digno final.

Les dejo la canción que inspiró este texto.  Es tan sentida que apuesto que sin conocer el lenguaje, van a entenderla perfectamente.  Quizás de eso se trata la música.

https://www.youtube.com/watch?v=UTF2qZbVnCM

domingo, 12 de febrero de 2017

El chocolate

Un ínfimo porcentaje de la población detesta el chocolate. 
No se si son evolucionados, si son una secta o si son lo suficientemente inteligentes como para no caer en las garras de semejante amor eterno.

El miércoles tenía una cita en San Antonio de Padua. Jamás había viajado hacia aquellos pagos así que iba atenta al camino. Un tren que no conocía,  estaciones nada familiares y un cartel en el vagón que marcaba que siempre estábamos en Moreno. Traté de no divagar con mi mente perdiéndome entre las caras y los paisajes pero... la humanidad no para y no ayuda.

Pasó un chico con una caja con chocolates,  tenía varios sin vender y aunque hacía calor no faltó el goloso que compró una barra. Me ofreció uno, saqué mi vista de una cara maravillosa que me cautivaba, lo mire y dije: No, gracias. Él me sonrió y se dio vuelta para observar lo que yo miraba.
Era un nene de 3 o 4 años.  Estaba sentado contra la ventanilla. Al lado estaba su mamá con un nene apenas más pequeño que él dormido plácidamente.  El niño más grande era precioso, tenía la piel curtida por el sol, su cabello levemente dorado, su carita sucia, su ropa humilde y con la clásica apariencia que tiene la ropa de un niño que gana y pierde sus pequeñas batallas.

El vendedor de chocolates volvió hacia mi y me dijo: "a él le voy a robar una sonrisa y otra te la voy a robar a vos".  Lo miré sorprendida y fue tan rápido que no pude preguntarme qué era lo que iba a hacer.  Sacó una tableta de chocolate, se acercó al nene y le dijo "esta tableta de chocolate te la regala la señorita". Yo miré al pequeño y me sonrió,  el vendedor me guiñó un ojo y se paró en la puerta dispuesto a bajar.   
Me puse a su lado mirando en su misma dirección y le dije "gracias". Saqué de mi bolsillo dinero y se lo di, no quiso aceptar pero insistí.   Me dijo: el chocolate hace feliz.
Bajó. Yo volví a mi lugar.  Miré al pequeño sin disimulo, sus ojos brillaban y  mientras su mamá abría el chocolate, él acariciaba a su hermanito que seguía dormido. Su mamá le dio el chocolate y él lo partió en las cuatro partes marcadas en la barra.   Le dio una porción primero a su mamá y luego dijo "este pedacito es para Joaco" (supuse que se trataba de su hermanito), este es para mi y este... miró la cuarta parte y mientras su mamá lo miraba enamorada,  él me miraba a mi.  Se paró enérgicamente pero empezó a caminar con una timidez perfecta para que yo lo observara atentamente.  Sin mediar palabra, me entregó ese pedacito a mi. Me agaché a su altura, le dije  "Gracias" y le di un beso.

En la vida podemos tener muchos objetivos y sueños, podemos ganar apuestas, podemos triunfar. 
Las cosas maravillosas suceden cuando aprendemos a valorar las pequeñas lecciones que nos regala un simple día.
Yo no voy a olvidar esos ojos rojizos, esas pecas. 
Cadena de amor, así lo llamaría yo. 
Que viva el chocolate o lo que pueda llenarnos el corazón.



miércoles, 1 de febrero de 2017

Tetas

Las tetas terminan siendo tema nacional cada dos por tres.
Lo más cómico del caso resulta, desde mi opinión, que muchas personas re rasgan las vestiduras por "el horror" de ver a dos mujeres sin corpiño o malla en el torso (voy a tratar de ser lo más cautelosa en el uso de mis palabras para evitar la inquisición) y otros defienden a ultranza "la libertad de los pechos" (recurso estilístico).

Me preocupa severamente la hipocresía y también me parece lastimoso que el tratamiento de la noticia sea tan poco comprometido con la verdad.  Ahí van todos repitiendo lo mismo.  "Libertad a las tetas" como si se tratara de un nuevo paradigma de la moda.  No logro entender las explicaciones que dan para defender el deseo de estar con el torso desnudo, no porque sean de difícil comprensión sino porque creo que el asunto sigue siendo el mismo: la convivencia.  

Si una o dos o tres personas se quejan de lo que (según la ley) encaja en la figura de "exhibicionismo" es porque esa figura existe. Es cierto que forma parte de un legado cultural, es cierto también que si lo analizamos anatómica, biológica y humanamente es un despropósito que se arme tanto lío por unos senos. No creo que sea difícil comprender que "la forma" sigue siendo el problema.  Todo termina como un berrinche de dos o tres que quieren ir a robar cámara, es entonces cuando lo que quieren que no llame la atención, termina siendo el elemento con el que logran captarla.

Aburre el tema. En las tribus africanas ninguna mujer sabe lo que es un corpiño, en algunas andan absolutamente desnudos y nadie se escandaliza.  Eso es cultura.  Son las reglas que se fueron armando en cada comunidad que habita este planeta.  Los animales tienen reglas y dudo que sea porque el pene del león sea más importante que los genitales de la hembra, es una cuestión de organización y en pos de seguir con determinados lineamientos, están quienes aceptan algunas rupturas a las reglas y están quienes no.

Me pongo a pensar en lo siguiente:  ¿quién soy yo para obligar a los padres de Jeremías y de Sol a aceptar mi nudismo?  Ellos andan en sus casas vestidos, Jeremías puede entrar al baño cuando está su papá pero no puede hacerlo cuando está su mamá, Sol puede entrar cuando está su mamá pero no cuando está su papá.  ¿Por qué?  Simplemente porque su mamá y su papá decidieron enseñarles a sus hijos que el cuerpo humano tiene algunas particularidades, los hombres "no tienen senos" y las mujeres sí, los nenes tienen pene y las nenas vagina.  A partir de determinada edad (supongamos 5 años) instalan en sus hijos el concepto de intimidad.  Este ejemplo inventado, se repite en muchos de los hogares de nuestro país porque responde a nuestra cultura.  Si estos papás ven a tres mujeres con el torso desnudo en la playa, es probable y también lógico que sientan vulnerado el esquema que les enseñaron a sus hijos.  A mi entender no los convierte en hijos de puta, retrógrados, opresores y demás adjetivos.  Mientras la ley sostenga que el torso desnudo de una mujer es "exhibicionismo" no debería ofenderse una mujer porque le pidan que se cubra el torso o que vaya a otra playa donde sí esté permitido bañarse en topless o con desnudo total.   

Si el asunto resulta tedioso para algunas personas, me pregunto por qué no intentan una mutación cultural colectiva en pos de propagar la existencia de playas especiales para las mujeres que defienden los torsos desnudos sin distinción.  Quizás, con el tiempo la idea se propaga y termina dominando las costas, pero imponerse termina pareciendo un berrinche que nada tiene que ver con un concepto basado plenamente en la anatomía humana.

La convivencia -según algunos diccionarios- es: coexistencia pacífica y armoniosa de grupos humanos y/u otras especies animales en un mismo espacio.  

Voy a dar un ejemplo que forma parte de una vivencia personal y que ya conté en varias oportunidades.  No soy fumadora.  Cuando estoy en una reunión y fuman cerca mío, si el humo me viene a la cara me voy a otro lado.  Muchas veces pienso "qué desconsiderada esta persona al no darse cuenta de que me está tirando el resto de su chimenea en la cara" pero es solo un pensamiento.  En una oportunidad, fui a la casa de un amigo a quien quiero mucho, teníamos que hacer un trabajo juntos y cuando terminamos me preguntó si me molestaba que fumara (marihuana) delante mío.  Yo le contesté que no.  Debo confesar que no me gusta el olor de la marihuana, son gustos, simplemente eso.  El detalle es que yo estaba en su casa, él no estaba haciendo nada malo para mi porque yo pertenezco a una generación que ya no ve con espanto cosas que antes sí, pero de todas formas él me consultó aún cuando estaba en su propia casa, ¿se entiende?.  Eso se llama, además de generosidad, respeto, no solo a la persona que está delante tuyo sino a una cultura que va cambiando conforme cambiamos las personas.

No se puede hacer una buena silla usando un martillo y tornillos a la fuerza, a lo bruto.  

Creo que es una cuestión de mirar a la humanidad con un poco más de amor y entender que no todo puede ser como queremos, en el tiempo que queremos y donde queremos.  

Que alguien cuestione a una mujer amamantando es una locura y habla del morbo de quien denuncia, pero esto es distinto.  

Después de la polémica llega "Un tetazo en el Obelisco" para que las próximas tapas de los diarios sean tetas.  Seguimos siendo un par de tetas.  

Con cada desatino de estos terminamos alimentando  la teoría de que lo que parece remedio, alimenta la enfermedad.

Que el tiempo y las formas abran mentes.  A la fuerza difícilmente logremos algo bueno.

La imagen corresponde a una niña himba de Namibia

miércoles, 25 de enero de 2017

Uno no elige el amor, dijo Cortázar

¿Qué pasaría si alguien te dijera exactamente lo que va a suceder con tu vida?
¿Cómo actuarías si alguien te dijera que tu fecha de vencimiento puede ser develada de una vez y para siempre?

No miro películas por la noche porque quiero irme a dormir con la mente libre de angustias innecesarias y creo que la suerte que se corre cuando se elige una película oscila entre la violencia y la tristeza en un ochenta por ciento de los casos.  Particularmente detesto las películas en las que una persona que muere trasciende las fronteras de la física -tal y como la conocemos nosotros- para contactarse con los que quedan, quizás porque lamentaría tener que reconocer que si no me pude conectar con gente que quiero y que se ha ido  es por una incapacidad personal y no por la vida misma.

Hoy vi una película que logró plasmar ese pensamiento que hubiese querido poder decir ordenadamente en tantas oportunidades. El camino suele toparnos con amigos, familia y compañeros que pasan malos ratos, que sufren al tener que decidir, al tener que tomar caminos que generan idea de incertidumbre y por lo general, el dinero o la estabilidad financiera son el motor de la mayoría de las decisiones. Nada es cuestionable. Cada uno hace con su tiempo y su libro lo que desea.

Alguna vez, no mucho tiempo atrás, tuve largas y lindas charlas con alguien a quien quise mucho y repetidamente decía algo así como "no tenés que hacer esto o aquello por mi" dando por sentado que yo hacía grandes esfuerzos por impresionarlo.  Me molestaban esas palabras aunque siempre supe que lo que él veía como algo forzado, para mi era un comportamiento natural.  Mi idea de tiempo siempre es efímera.  Mi idea de vida es voluble. Hacer de un rato simple algo bonito no cuesta nada. Creo.

Yo tenía de él breves instantes, se lo decía a menudo y no como un reclamo, sino para que no malograra los momentos insultando la vida con sus prejuicios desacertados, después de todo respondían a sus costumbres, a su filosofía y a lo que quería creer y no a mis verdaderos motivos.  De todas formas, insistí una y otra vez con "mis" costumbres y con mis gestos porque eran el camino que yo elegía recorrer en esa historia, fuera como fuera, durara lo que durara y terminara como terminara.
Yo no sabía nada de tiempo con él, no había horarios y eso era suficiente para que el simple hecho de transcurrir tuviera un valor distinto.  Cada despedida era una pequeña muerte.  Cada bienvenida parecía una nueva forma de nacer.  Pensé innumerable cantidad de veces cómo describir lo que estaba aprendiendo de la situación, no de la historia sino del paso mismo de la vida.  Seguía aprendiendo a ver el tiempo como supo verlo Dalí.

Si supieras la fecha de vencimiento de tu envase:
¿dónde estarías ahora?
¿a quién querrías ver?
¿a quién le pedirías perdón?
¿a quién correrías a abrazar?
¿dónde querrías cenar por última vez?
¿qué canción escucharías y por qué?
¿a dónde viajarías?
¿qué harías?

Se que mientras leías las preguntas, sin dudarlo supiste las respuestas.  Algunas con varias opciones.  Otras temerariamente definitivas.  Es como dice aquel dicho: "cuando le preguntás algo al universo tenés que lanzar una moneda al aire... cuando ésta está girando, asombrosamente sabés de qué lado querés que caiga".  Siempre sabemos la respuesta.  A veces la despertamo demasiado tarde.

La vida, simple y llana, voluble e intensa, enceguecedora por su luz y su oscuridad.
Siguen siendo los pequeños detalles los que nos muestran cómo son las personas, cuánto valen, cuánto nos elevan, cuánto nos desafían, cuánto nos motivan, cuánto nos cautivan, cuánto asombro nos generan, cuánta admiración se ganan.

Esta película no era otra cosa más que una historia de amor, como todas. Tenía una dificultad terrenal: la teórica imposibilidad de estar juntos. Tenía una certeza: la muerte es la que termina dando completo sentido a la vida.

Desintegrar algo puede ser la mejor forma de entender que debemos llevar el cuerpo a esos lugares en los que sabemos que indefectiblemente puede encontrarse con el alma. Pasamos la mayor parte del tiempo divididos, separados de nosotros mismos como si fuéramos eternos.




miércoles, 18 de enero de 2017

Miedo

El miedo me hizo cobarde. 
El miedo me dejó llorando tantas noches por cosas inexistentes o que no valían la pena. 
El miedo me hizo tatuajes invisibles con prejuicios que, mientras yo iba naciendo, se llenaban de sed.
El miedo me puso frente al producto de mis propias cobardías y ese mismo miedo me quiso hacer pensar que ya no había nada más por hacer. 

De repente el miedo dibujó el plano de una casa donde iba a jugar a ser mujer, y puso en mi espalda el peso que se le antojaba y selló mi boca con una paciencia rota y sueños que no tenían mañana ni más ganas de crecer.  El miedo hizo tanto por mi... decidió todo, aceptó casi todo y me arrebató las hadas que invadieron siempre mi mente.

El miedo lo intentó todo. Pero no percibió que yo miraba no sólo dentro de mi sino alrededor. Y veía hombres de la mano de una mujer y sonriendo a otras a la vez. Y veía mujeres comparando las habilidades de otros delante de aquel que eligieron alguna vez. Y los veía andar en silencio, con la mirada perdida, transcurriendo. Con ilusiones tan golpeadas que no se animaban a nacer. Y vi relaciones que eran negocios, miradas que esquivaban los ojos que en teoría habían elegido alguna vez.

El miedo hace duradero lo imposible, hace eterno lo que tal vez jamás debió ser. Y convirtió el nido en jaula y puso el cielo a la misma altura de sus pies. Y la mujer se ató a un mundo de cuatro hornallas y  puso al hombre a trabajar para mantener una casa a la que nunca quería volver.

Se que no todo es así... Que hay gente que sigue siendo feliz pero seguramente hayan sentido miedo alguna vez, quizaás a diferencia de la mayoría, han sabido qué hacer con él.
El miedo es un pésimo consejero... él se ríe a carcajadas cuando estamos a punto de perder.

Escrito en Marzo de 2013

martes, 17 de enero de 2017

Un poco de amor

Siempre es muy fácil subirse al tren de la huevada mediática que critica descaradamente el padecimiento ajeno.
Miles de personas se horrorizan cuando muere una chica en una fiesta electrónica, los que mueren consumiendo paco no salen en los diarios y si una persona popularmente conocida se droga todos apuntamos los dardos para reírnos como si fuéramos unos sanos mentales bárbaros. Esas son las aristas de la mirada que hay sobre los adictos.

En realidad, muchos de los que se ríen de ellos han sido incapaces de mirar más allá. Los miramos con clemencia solo después de muertos y esa es la parte que nos vuelve más miserables cada día.

Ayer vi al pasar que Chano Charpentier decía en una nota "quiero alguien que me prepare el desayuno" y más de uno comenzó a elaborar las mil y una formas de reírse de un tipo que solamente está pidiendo amor del bueno.  Es un pobre tipo?  No.  Por supuesto que no.  Como no lo ha sido Maradona.  Son personajes conocidos pero principalmente son seres humanos con defectos y virtudes, con penas y frustraciones.  Algunos se vuelven detestables porque lastiman a los demás en su incapacidad de reconocer el problema, van y vienen desparramando sus crisis y despreciando justamente a esos que los quieren genuinamente... quizás porque tuvieron la suerte de tener gente que los cuidó más allá de todo (como creo que le ha pasado a Diego).

En cambio Chano es un pibe de treinta y algo de años que no desparramó odio aún cuando fue despreciado por el ambiente del rock y por el 90% de los hombres que se morían de odio de ver que un flaco común tenía a todas las minas gritando por él.  Pero ven?  Teniendo todo eso por lo cual muchos lo odiaron, no logró tener lo que otros insultan desde el anonimato engañando a quien los espera con el desayuno.  Así es la vida, unos tienen lo que otros no.

Si se supone que venimos a aprender algo, deberíamos empezar a mirar más allá.
Desde las primeras imágenes que vi de Chano allá en el 2011 recuerdo que le dije a mi madre "tiene ojos tristes".Unos cuantos años después, puedo decir con certeza que sus ojos son casi ausentes.

Hoy vi a una nena golpeando a un nene. Supuse que era su hermano y ante la ausencia de un adulto me atreví a decirle "nena, qué hacés? no se golpea a los demás". Me dio bronca, ella era más grande físicamente y el nene era sumiso. Pensé que era una pésima combinación.  Esta historia tiene mucho que ver aunque no lo crean. ¿En qué?  En que vemos a alguien en el piso y lo pateamos  y escupimos.  ¿Con qué sentido? ¿Por qué? ¿Qué nos habilita a pisotear al caído?

Ahhhh no, pero después hablamos de aceptación, hablamos de justicia, hablamos de humanidad, de derechos y de valores.

Se pueden reír de lo que quieran, como yo puedo reírme de lo que quiera, pero si alguien necesita ayuda y la pide honestamente desde el sótano de su miseria, ¿quiénes somos para agredirlo?
Hemos creado algunos monstruos que usan las redes sociales para infectar de odio con comentarios a todo el mundo, desde presidentes, deportistas, famosos y no famosos, para operar contra compañeritos de colegio, en fin... personas que amarían ver hundido a todo aquel que no les gusta.

Esa es la mayor derrota de la humanidad, la falta de humanidad.

Detrás de cada adicto hay un dolor, un miedo a la vida misma, a no cumplir con estereotipos, a no superar sus propias ambiciones incumplidas.  Detrás de un chico que consume, sea lo que sea, hay una necesidad de algo que no supo pedir, buscar y hasta entender. Y detrás de todos ellos, sin importar su situación económica hay gente que lucra con la vida de los demás.

En fin...  me permito decir que Chano no es más que un tipo queriendo salir de su propia oscuridad, un lugar que muchos conocen arrastrando a los demás y que muy pocos se bancan solos.  Ojalá algún día todo sea un mal recuerdo para él y para todos los que tienen la valentía de pedir ayuda, porque la merecen, porque no son un ejemplo de conducta pero sí un ejemplo de lo que hacen las drogas y porque todos merecemos oportunidades sin importar el origen ni el destino.

Ojalá todos despierten al lado de alguien que aman y que los ama.
Ojalá todos tengan una caricia cuando sientan ganas de llorar.
Ojalá todos seamos capaces de dibujar sonrisas en los rostros inundados de llanto.
Ojalá aprendamos a ver el vaso medio lleno.

#HolaMiVida
#BuenaVida ;)



jueves, 29 de diciembre de 2016

El buen líder

En mis épocas de estudiante de Administración allá por el 2003 cursaba una materia que se llamaba Administración General. La dictaba un profesor muy carismático y creo que por eso es que recuerdo muy bien su nombre: Diego Villalba. El primer día que lo vi pensé que era un tipo arrebatado porque llegó algo tarde y empezó a dictar su clase mientras iba firmando actas y ese tipo de cosas, era una materia semi presencial y todo me resultaba nuevo en aquel entonces.

Cuando terminó de acomodarse, se puso de pie y preguntó: ¿saben ustedes quiénes son las personas que mejor conocen la administración?  Yo no tenía ni idea y mis compañeros tampoco. Al rato respondió "las amas de casa". Hacen magia para llegar a fin de mes, pagan todo, administran vencimientos, cuotas, matrículas.  El hombre que va y trabaja, trae la plata y se olvida, ella está administrando siempre todo. La leche que queda para los chicos, cuanto se necesita para las vacaciones, a dónde conviene, etc. Mucho tiempo después entendí que lo que él planteaba era que las mujeres tenemos muchas variables más en cuenta, las prácticas (que son las que consideran los hombres) y las más poéticas o sensibles,  por lo cual ese pequeño gran detalle las termina convirtiendo en grandes administradoras.

Las clases de Diego eran geniales. Él iba en contra de lo clásico,  te abría la cabeza, te planteaba dudas, te mostraba que administrar está en cada acto de la vida. Administramos el aire para hablar, cantar, correr así que empezando por eso, todos administramos.

En otra de sus clases habló sobre los líderes.  Mientras describía a los líderes yo me reía porque parecía una clase narcisista.  Todo lo que decía decantaba por defecto en su nombre. Él era un buen líder.  El incentivo lo generaba su emoción y pasión por lo que hacía,  se enojaba cuando no cumplíamos y era estricto y sin embargo se nos hacía imposible no darle la razón cuando nos marcaba fallas.  Era serio pero sabía ser simpáticamente conveniente, siempre tenía una palabra de elogio para resaltar alguna virtud en sus estudiantes y yo me daba cuenta de que él lo hacía para que todos confiáramos un poco más en nosotros mismos.  A él lo hacía útil nuestra inseguridad pero lo hacía más feliz nuestra evolución.

Yo no terminé la carrera pero jamás olvidé sus clases, quizás porque lo que él dejó servía para la vida.  No supe más de él y se que no me recordaría pero no me importa eso. A mi no me gustaba la carrera, me iba bien porque le ponía onda pero nada más,  sin embargo sus conceptos de liderazgo me quedaron y a lo largo de mis 19 trabajos fui evaluando lo que veía.  El éxito de la empresa o los sectores y el tipo de líderes que tenían. 

Era la ecuación perfecta, sin fisuras. Un buen líder es el origen de los buenos resultados.

En una casa hay un líder,  siempre. Los líderes naturales son aquellos que logran ser autoridad tengan o no el título, pasa en los jardines de infantes. Siempre hay alguien que comanda la batuta, alguien a quien siguen los demás (sea buena o no la causa) porque vale aclarar que los líderes no son siempre buenos o nobles en sus intenciones, de hecho Hitler ha sido un gran líder y sabemos todos el resultado de su liderazgo.

Encontré una imagen en internet y ahí comprendí lo fácil que es identificar a un buen líder. 

domingo, 25 de diciembre de 2016

Dos caminos

Se puede vivir de dos formas: con amor y sin amor.

Por estos lares, casi cayéndonos del continente,  estamos los argentinos.  Somos seres iguales al resto de la humanidad aunque disfrutemos creyéndonos distintos, interesantes y raros.

Por acá anda todo dividido. Los K y los anti K, los cumbieros y los chetos, los del rock pulenta y los del rock de "elite", River y Boca, los que aman el asado y los veganos, los que toman mate amargo y los que le ponen azúcar,  los que quieren a Maradona y los que quieren a Messi.

El argentino no tiene problema con el dolor porque se lo banca, el asunto es que la expresión o no de ese padecer siempre depende de quién los hiere. Todos nos estafan, desde hace rato, pero siempre estamos apuntando al otro para que el de nuestro equipo parezca "menos peor".

El argentino nace jefe y campeón.  Sabe todo y no necesita leer manuales con ninguna instrucción. Se queja cuando no le dan algo y cuando se lo dan,  sospecha. No en vano está la frase "otra vez el tango"... somos quejosos, llorones.

Es cierto, no todos. Pero en líneas generales es así.  Estos últimos meses fueron insufribles las redes sociales, que PAMI, que los descuentos, que no entran inversiones al país,  que vamos en picada, que voy a prender el aire cuando vuelva Cristina, que el paro, que las paritarias, que la obra social, que mi jefe, que el bondi, que la telefonía móvil... 

Algunos aspectos son muy importantes, el 90% de los que opinan y publican estadísticas y balances hacen copia y pegatina y repiten y reproducen o para generar alegría o para inducir suicidios en masa.

El punto es que ayer a las 00.00 los hogares de barro, los lujosos pisos de Puerto Madero, los dueños de los campos, los fundadores de comedores barriales, los niños de una escuela privada, los de una pública,  el gerente, el operario, el de mantenimiento, el desocupado,  el que recién se recibió,  la embarazada, el que no quiere hijos, el que los sueña,  el engañado,  el que engañó,  los abuelos, los hijos, los nietos, los que tienen auto, los que no, los que celebran todo con tal de que haya fiesta, los solitarios, los viajantes,  los que preparan comida, los comensales; todos pensamos en alguien que queremos.

Ahí no hubo economía ni política que valiera la pena. Ayer no hubo lugar para nadie que no haya sido verdaderamente parte de nuestras vidas. Hay dos formas de vivir: con y sin amor. El argentino es calentón y se las sabe todas, siempre reclama más de lo que da, nunca le alcanza y siempre siente que alguien lo está estafando... pero el argentino siempre tiene alguien en su mente a quien le gustaría abrazar.

Ayer dejé a un lado el celular porque quería ver a mis personas queridas. Las observé y las respeté tal y como son. Ayer agradecí poder levantar una copa y decirles "que Dios te bendiga". No se bien quién será Dios, cuál será su forma, su procedencia, pero estoy convencida de que el milagro de la vida no puede ser obra de nadie como nosotros, los simples mortales. Ayer a las 00 todos abrazamos a alguien, más no sea con la hermosa capacidad de recordar.

En fin... nos envenenamos 364 días del año y nos regalamos escasos buenos ratos. Ojalá algún día cambiemos la proporción.  Ojalá algún día podamos dar vuelta la historia.

Es cierto que hay que batallar, pero la vida pasa por otro lado, justo por ese lado que estamos dejando pasar.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Viajar liviano

Viajar liviano, como aquel día en el que emprendimos este viaje al que nos acostumbramos a llamar vida.  Viajar sin carga, sin ropas que tapen lo que somos, lo que reside en nuestra esencia.  Viajar despojados de propiedades.  Viajar sin llaves ni cadenas, sabiendo que las únicas puertas que son nuestras son las que están abiertas.  Viajar por la vida sin ataduras, asumiendo tareas con alegría, amando la posibilidad de hacer, hacer aquello que nos de la posibilidad de amar.

Que no hay sillas nuestras, ni lugares de privilegio más importantes que los que nos dan los que nos aman, que no hay lugar en el que estemos a salvo si somos terroristas de nuestros propios sueños.  Que no existen cenas si no hay mañanas, que no hay fidelidad más útil que la de ser sincero con uno mismo.  Que los crueles van a apuntarnos y van a disparar con palabras por la espalda y nos van a escupir su bronca en la cara.  Que el amor estancado va a ser tanto que va a encontrar un surco para escapar y regar todo a su paso.

Viajar liviano para que no nos moleste la ropa cuando queramos abrazarnos.
Viajar liviano para que no nos pesen los reclamos, livianos para poder irnos con la misma facilidad con la que llegamos, para que nos de risa la espera, para que nos espere la risa cuando acabe el llanto.

Que no hay lugares comprados para nadie, que no somos dueños, que no somos eternos más que en los recuerdos de quienes eligen seguir amando.  Que los hilos rojos unen sin querer a los que deben estar unidos para que sea más bello el cuadro, que los hilos rojos cuando atan se rompen y terminan sangrando.

Vivir recordando el amor aunque nos apedreen con espanto, regalar aunque nos rechacen, acariciar aunque nos pateen, reír ante el enojo que quiere desintegrar lo bueno que la vida juntos sabe dejarnos.  Viajar liviano para que las cicatrices cierren, para que la piel se siga dorando, para que el viento pinte con fuerza su mejor cuadro.

Que no somos de nadie, ni de aquí ni de allá y que estamos de paso.
Que nada se nos vuelva demasiado importante para que jamás seamos esclavos.

Guada




martes, 13 de diciembre de 2016

Latimos

En estos tiempos en los que la palabra blanqueo es moneda corriente en revistas de economía y en revistas de chimentos pensé que era buena idea hacer un blanqueo personal en voz alta y dejar que el trazo marque el ritmo.

Amo las frases, las retorcidas y las simples.  Alguna vez, hace ya bastante tiempo, leí: "cuando encontrás la respuesta, viene el universo a cambiarte la pregunta".  Me causó gracia en aquel entonces porque me imaginé la cara de alguien perdido ante alguna situación nada importante, por supuesto. Pues bien, este año de mi vida tiene mucho de aquella frase de sobre de azúcar.

Si me dan a elegir entre el mar y un río, yo elijo el mar.  Me gusta su bravura, su fuerza y su sorpresa. Me gusta su golpe constante porque cambia la vida a su alrededor, me gusta el viento, me gusta que me despeine, adoro que sale mi piel, amo escucharlo diciendo nada y diciendo tanto. Me encontré muchas veces sonriendo al descubrir que logra ponerme piel de gallina por el solo hecho de existir. Frente al mar aprendí a hablar conmigo misma con más calma, aprendí a decirme "basta", aprendí que el miedo es una parte esencial, no de estar viva, sino de sentirme viva.

Este año fue muy rico laboralmente. Romper estructuras para alguien como yo es vivir rindiendo exámenes.  Di la bienvenida y dije adiós muchas veces.  Me reí a carcajadas, escuché consejos, me emocioné, leí entre líneas y me guardé muchos pensamientos.  Crecer, de alguna forma, debe ser algo así como aprender a ver con los ojos abiertos pero también con los ojos cerrados.  

Este año armé lío sin querer, me angustié, me preocupé.  Cuando bajó la marea entendí que hubo cosas que pude escribirlas mejor, sin soberbia, que pude ser políticamente correcta, que pude haber sido más astuta; pero releo una y otra vez aquel polémico "Pequeña feminista ilustrada" y digo: soy yo, nadie me paga por escribir, tengo derecho a decir lo que pienso y a decirlo sin pensar demasiado lo que digo.  Para sutilezas y escritos inteligentes hay otros que ganan lo que no gano yo.

Este año viajé, cumplí sueños porque había que fabricar otros nuevos, saqué fotos que valieron la pena, el riesgo y la risa. Aprendí que en la vida no todo lo que se encuentra es nuevo, yo descubrí en mi viejo a un amigo viajero con el que todos los ratos son geniales.

Este año negocié precios falando un portuñol muy básico.  Me caí (literalmente) varias veces. Tropecé muchas más. Desafiné en una presentación en vivo y sentí ganas de ahorcarme con el cable del micrófono pero bastó con pensar en mis amigos para continuar.  

Este año ligué muchos asados porque como trabajo los fines de semana por la tarde, el del domingo es una utopía, entonces -como quien no quiere la cosa- lo menciono de vez en cuando para que alguien se cope con una parrilladita un jueves o martes y me haga feliz.  Se ve que mi cara de desgraciada ha dado buenos resultados así que no descarto estudiar teatro para lograr más cosas en algún momento (léase esbozando una sonrisa, sino no garpa).

Este año estuve cerca de mis personas queridas, esas a las que tengo siempre escondidas.  

Este año me dejé abrazar mucho tratando de romper ese rechazo al contacto físico que me genera espanto y me hace parecer fría con gente con la que jamás quisiera serlo.  Es curiosa la vida, creo que aprendí a abrazar cuando entendí que quien me enseñó a saludar con ese noble gesto ya no va a escribirme "estoy en la puerta Lu, tomamos unos mates un rato?". Ese mensaje bastaba para que saliera a abrirle y sabía que venía el "acomodamiento de chakras" que sólo Nico sabía regalarme.  Este año aprendí que no quiero dejar que pase el tiempo sin intentar lo que sea que haya que intentar.

Ya no importa la edad para nada en la vida. Existen quienes la vuelven un festival cada día y para esos, la vida está bien vivida sea 10, 20, 30 o 90 años.  Existen los que necesitan varias para volver y aprender a sonreírle al tiempo, para seducirlo sin esperar que se despinte los labios.

Este año leí y escuché palabras muy crueles de gente que no me importa y de otros a quienes supe querer demasiado. También recibí gestos inmensos de personas que te adoptan desde una sintonía. Aprendí a tomarme con gracia las suposiciones que hagan sobre mi persona, si es el precio que tiene la discreción, lo pago con mucho amor.

Lo que se hoy de la historia esta a la que llamamos vida es que te da lo que te sirve para aprender a andar, así que es mejor borrar eso de que la vida te devuelve lo que das porque creo que no es tan  matemático el asunto.

Pasé noches mirando el cielo, pasé horas sentada a la vera de mi cama suspendida en el tiempo.  Hice promesas a una estrella. Se me doblaron las rodillas de tristeza. Me dolió la cara y el estómago de la risa.  Vi gente que quiero emocionarse de felicidad. Vi gente que quiero llorando en soledad. 

Por ahí el truco consista en no desilusionar a aquella persona que supimos ser cuando apenas llegábamos a sentarnos solos y nos bastaba ver un árbol iluminado para atrevernos a soñar.


Este año se resume con la frase final de una hermosa película: Caballos Salvajes.

"Se puede hacer algo para estar completamente vivo, antes de estar definitivamente muerto..."
"La puta que vale la pena estar vivo!!"


Que la magia los toque, vestida como más les guste.  Que los inunde con su perfume.  Que les sacuda el cuerpo y despabile aquello que por costumbre los mantiene dormidos. Que la realidad los golpee como el mar golpea con su ruido, que los despeine, que los erice, que les dore la piel, que con su frío les recuerde que la música perfecta es la que marcan los latidos.

Gracias por leerme.


viernes, 2 de diciembre de 2016

El deber y el querer no duermen juntos

Entre el deber y el querer duerme quieta la conciencia.
El deber, eso que no es más que la creación de un sistema de reglas ajenas a uno, un legado de límites que encarcelan corazones y mentes, un espacio que nos vuelve violentos porque en el fondo, ahí donde aún somos nosotros mismos, ese "alguien" que queremos destruir, busca desesperadamente escapar de nuestra aparente evolución, de nuestro deber.

"El querer" lee Romeo & Julieta y bebe gota a gota del veneno del miedo al que llama realidad para sostener su adulta imagen mientras sonríe a escondidas recordando esos instantes en los que se sintió verdaderamente vivo. "El querer" conoció tan bien los colores que quiere volver a ellos una y otra vez para que todo en su ser florezca, el gris aparece camuflado para recordarle que "el deber" es cosa de adultos y lo logra convencer.

El deber viste de marca y a la moda. Usa perfumes caros y vacaciona sólo para sacarse fotos que van a decorar alguna red social.  El querer viste cómodo y anda liviano porque está siempre listo para viajar aunque no tenga cámaras con las que pueda guardar retratos. 
El deber ríe bajo, critica fuerte y ama poco. 
El querer ríe alto, critica bajo y ama mucho.
El deber duele.  El querer muere.

El deber va poniendo ladrillo a ladrillo y te permite estar seguro, va levantando hilera por hilera y te fabrica un fuerte del que no sale nadie y al que no entra nadie, no lo cambia el viento, no se ensucia pero tampoco te permite ver demasiado y quizás algún día descubras que es difícil -pero no imposible- salir.

El querer deja que la naturaleza le muestre guaridas mientras camina, se pincha con algunas espinas, siente frío, calor, conoce el miedo que generan los riesgos pero sigue su camino porque está convencido de que lo verdaderamente bueno está por llegar.

El deber es responsable con lo políticamente correcto.
El querer te invita a honrar la vida.

El deber tiene hilos invisibles que encadenan tus pies, tus manos y también tu corazón.
El querer te desmorona como marioneta en una obra porque quiere que sepas que también está vivo aquello que no se ve.

Siempre me repito... quizás esto sea leído en el momento correcto por alguien que lo necesitaba.  Ojalá así sea, deseo que cuando leas esto, te sientas feliz de la vereda en la que decidís estar y si no estás del lado que le da sentido a tu vida, ojalá al menos estés a tiempo de cambiar.



domingo, 27 de noviembre de 2016

Cuba es mucho más que habanos y ron

Algo me hace creer que éste no es mi mejor año como persona librepensadora en el ejercicio de su derecho inherente.

Vacilé antes de escribir, no por falta de convicción en mis opiniones sino porque se que los pseudo revolucionarios que dan la vida por defender la libertad, ponen demasiado esmero en impedir que se propague aquella idea que ellos no comparten.

Voy al foco y al hueso.
Desde un all inclusive en La Habana supongo (no tuve el placer de conocer la isla) debe ser imposible no amar la Cuba esa en la que es más rentable ser mesero de un turista que ejercer hermosos títulos.

Con la muerte de Fidel se desata esa pasión desmedida que tenemos por los que mueren. Si tuvieron defectos, desaparecen al instante, por lo que no es ilógico que Fidel (que ya era visto como un héroe) sea ahora la carta magna de la revolución. Definitivamente no puedo negar que se presentó como un libertador -y de alguna forma lo fue- de una Cuba oprimida por el gobierno de Batista, pero lo que vino después me parece deprimente. Lo único divinamente innegable de aquella épica entrada a la isla es que quisieron despegarse de Estados Unidos y lo lograron, pero en esa búsqueda hubo violaciones a los derechos humanos y atropellos que ahora parecen no importar.

¿No importan? Suelo ser ilusa y confieso que pensaba que "el asunto de la libertad" no tenía tintes convenientes, pero parece que sí. Yo creo fervientemente que no debería tenerlos.

Vamos a un ejemplo tontamente ilustrativo: estoy en el colegio y tres compañeros me golpean, uno es morocho, otro pelirrojo y otro rubio, protesto cuando me pegan el morocho y el rubio pero como los pelirrojos me gustan, no me molesta tanto y no digo nada. ¿Así es la cuestión? ¿la agresión no es tal dependiendo de quién es el que la ejerce?

Estoy convencida de que desde otras partes del mundo, escuchan "Cuba" y solo ven el agua cálida y lo vistosas que pueden ser las ruinas de una ciudad en las fotos que se comparten para alardear con orgullo viajes culturales y de placer pero, con todo respeto, lamento el silencio eterno que define a quienes hoy se sienten compungidos con la muerte de un hombre que apareció vestido de héroe libertador para quitar las cadenas de Batista y para, también vestido de verde, poner las cadenas de él a un pueblo que vivió medio siglo dividido y en muchos casos, destruido.

La isla fue como Alcatraz para muchos, pero los balseros y balseras (SERES HUMANOS) no le importaron a gran parte del planeta, no fueron tapa de diarios porque en lugar de sus huídas en pos de buscar libertades que les fueron saqueadas en sus propias tierras, aparecían noticias de los berrinches políticos que nacían con intenciones que se diluían a medida que el poder se iba enquistando eternamente.

Sepan disculpar pero me genera pena ver que tuitean sandeces desde sus IPhones, que endiosan a un hombre que no supo moderar su odio anti imperialista haciendo pagar a inocentes.

¿No les importan los balseros? La respuesta es NO. Jamás vi a nadie publicar una noticia de la Cuba esa que expulsaba con dolor a familias enteras que, sabiendo que sus chances eran ínfimas, se arriesgaban a huir en balsas precarias, en medio de noches inmensas, de un país convertido en cárcel.

¿Qué saben de Cuba? Que fabrican habanos y que el ron es agua allí. Que la medicina es única en el mundo y que todos tienen un título, aunque la aplicación de los beneficios y grandezas nacionales a favor de sus propios habitantes haya sido una utopía. Pero... ¿qué le importa al turista mientras lo traten como un rey? ¿Qué le importa a un turista que va a Cuba para conocer la belleza geográfica que le mostró alguna película de Yanquilandia? Lo que no saben es que una propina fue siempre para ellos una oportunidad de vivir un poco mejor, que algunos sindicalistas argentinos (que a duras penas terminaron la primaria) fueron atendidos como dioses por meseros que viven en la máxima precariedad aunque tengan en sus paredes un diploma de ingeniero (por ejemplo).

Odiar a EEUU lo llevó a tenerlos a todos muditos, sumisos y ciegos, con toallas femeninas regaladas por el gobierno, con kioscos en los cuales sólo se venden cigarros, condones y cerveza, con una realidad de ensueño para turistas y con una realidad muy parecida a una pesadilla para los lugareños.

En fin. Periodistas muertos. Periodistas presos. Ciudadanos perseguidos. Ciudadanos muertos. Ciudadanos presos. Ciudadanos huyendo. Todo por pensar distinto.
No celebro la muerte de nadie, ni la de Hitler ni la de este hombre al que considero víctima de su propia historia, pero espero que se me permita plantar esta semilla de duda sobre qué entiende la humanidad por derechos humanos y por qué seguimos haciendo que algunos muertos valgan más o menos que otros.

En fin... asunto de cada uno. Me alegra ser un ser humano que no se siente mejor con ninguna muerte y que lamenta la hipocresía del mundo. Un mundo en el que dictadores y revolucionarios usan el mismo color, dato que no considero menor y que me parece que deja al descubierto que es ciego el que quiere. Principalmente me apena vivir en un país cómplice ante el dolor ajeno, un país ciego aún cuando la historia argentina sabe de Derechos Humanos pisoteados hasta el hartazgo.

Hace poco más de un año aparecía tendido en la arena el cuerpo de Aylan, un niño sirio víctima de esas huídas que ahogan el alma; conmocionó al mundo y todos nos sentimos tristes porque en su muerte se plasmaban muchas otras injusticias sociales y muchas "políticas" que matan de formas directas o indirectas por sostener guerras que tienen más que ver con medirse el virgo que con gobernar por el bien común. Aquella pequeña vida tendida en la arena era el capítulo más silencioso y ensordecedor del padecimiento de muchos sirios, fue una vida entre cientos que se cortan despiadadamente en la huída. Eso mismo vivieron los cubanos a los que un gobernante con ínfulas de dueño les impedía salir de Cuba, se arriesgaron miles y muchos quedaron a medio camino pero el mundo calló y me asombra que ni siquiera EEUU lo usó para deshumanizar la imagen de Fidel.

Dos o tres hombres, vestidos como militares, destituyendo militares, fumando habanos, sonriendo mientras levantan fusiles con las manos... una imagen con colores de un pasado que huele a atraso.

Hoy el mundo llora la muerte de un revolucionario al que su propio pueblo también supo llamar dictador. Hoy el mundo se deshace en halagos hacia Fidel en redes imperialistas, mediante medios imperialistas, desde cafés imperialistas, vestidos con marcas nacidas por allá... por el norte ese al que todos critican pero al que van. Hace rato que la revolución es una palabra que sirve para mantener el rebaño diciendo meee meeee meeee mientras por izquierda (o por derecha) sacrifican a los desobedientes en el nombre de la victoria.

Es simplemente una opinión, desde el cansancio del festejo de la violencia, desde la pena del desprecio por el otro, desde esa estúpida costumbre de seguir pintando de colores a los violentos que en nombre de la victoria atropellan la vida.

A continuación adjunto fotos de periodistas cubanos para graficar la parte que
no se ve de "La Cuba libre".



 Uno de los 9 balseros muertos kilómetros antes de llegar a La Florida.



Balseros muertos sin poder cumplir su sueño.

 Un anciano comiendo de la basura.

 En Cuba, la meca de la medicina, este hombre jamás tuvo silla de ruedas.

 Un teatro emblemático destruido y convertido en ruinas 
es estacionamiento de bici taxis.

Un hombre trabaja, otros miran y un turista en su auto 
es escoltado por cubanos.


Las fotos (a excepción de las dos primeras imágenes) y la carta que adjunto en este link, son propiedad de Yusnaby Pérez






Si después de ver esto creés que murió un héroe, tus valores humanos están bastante distorsionados.

Con respeto.